Grandes posibilidades para la crianza

Andrea Murcia (Colombia)
Coach de Vida y Educación, certificada por la ICF

Una persona es una persona, no importa qué tan pequeña sea”, Dr. Seuss

En Coaching estamos entrenados para mirar a las personas y reconocer en nuestros clientes su capacidad propia y recursos internos para hacerse cargo de las situaciones por las que están atravesando, honrando sus valores y, a la vez, asegurarnos de mantener una alianza que no los deje sucumbir ante los obstáculos que puedan surgir.

Es por esto que antes, durante e incluso después de un encuentro o sesión, nos detenemos a revisar qué está pasando con nosotros para que sintamos qué tan conectados estamos con ese cliente que necesita de nuestra compañía y servicio para hacer descubrimientos valiosos acerca de su ser, de su luz y de su sombra. Y es en esos momentos de oscuridad, de dolor, de aparente fracaso que necesitamos sacar nuestra valentía y contundencia como Coaches para facilitar que nuestro cliente se vea y descubra el poder tan grande que tiene para transformar sus situaciones en lo que más anhela, acercándose así a sus propias metas.

Apreciando el Ser de nuestros hijos a través de la escucha y la conexión
Ahora bien, sólo por un instante detengámonos a pensar qué pasa cuando, como papás, logramos abordar la crianza desde una perspectiva en la que nuestros hijos son seres completos, que no son carentes de nada, que cuentan con luz propia y que lo único que necesitan para hacerla brillar es que les acompañemos a que la encuentren, la vean y la hagan destellar en medio de los momentos más turbulentos, soltando el control, sin perder la brújula, pues debemos tener en mente que los adultos de la relación somos nosotros.

¿Qué pasa cuando aceptamos el Ser de nuestros hijos y lo honramos en vez de juzgarlo? ¿Qué pasa cuando, en medio de nuestras agendas ocupadas, abrimos espacios para ellos para que se sientan escuchados profundamente, más allá del llanto o las palabras que puedan proferir?

Es a partir de esa escucha profunda que abrimos un espacio de conexión y aceptación del Ser de nuestros hijos; lo cual significa, por ejemplo, que en las ocasiones que lo ameriten, aprendamos a mirar con la misma capacidad de asombro con la que ellos descubren el mundo, que dejemos de lado nuestros afanes desmedidos y comencemos a maravillarnos de nuevo con el avión que pasa o el arco iris que sale en una tarde de lluvia y sol.

De igual manera, podemos darnos cuenta que detrás de los comportamientos, hay encriptados mensajes que desean ser escuchados, pero que a sus cortas edades les es imposible manifestar, y necesitan de nuestra capacidad para que ellos mismos puedan validarse y aprendan a desarrollar su propia voz. Es ahí cuando nuestros hijos perciben que son escuchados, respetados y comprendidos; diversos estudios aseguran que esto facilita que se vayan convirtiendo en hijos cooperativos, más allá de hijos obedientes que sólo siguen instrucciones, sin cuestionar qué tienen para ellos.

Nuestro impacto en el Ser de los hijos
Cuando tenemos momentos de gloria o momentos empantanados no sólo nos cuestionamos qué estaba pasando con nuestros hijos, sino qué estaba pasando en nuestro ser que impactó esa situación.

Es en este tipo de circunstancias aprendemos cómo desde nuestra seguridad o inseguridad activamos en nuestros hijos diversos comportamientos, dado que son expertos lectores de nuestras emociones y suelen tener claridad sobre qué “botón” oprimir para sacarnos de casillas. Si como papás lo sabemos aprovechar, esta es una oportunidad que nos sirve para aprender a fluir y danzar en el momento, anticipándonos a crisis innecesarias.

Muchos pensarían que este tipo de cuestionamientos no valen la pena, pero al comenzar a ser papás más conscientes, nos encontramos con nuestra propia infancia, podemos descubrir qué escuchamos, qué sentimos, qué dijimos, qué callamos, qué pensamos en esa etapa de nuestras vidas.

Y es ahí cuando tenemos la posibilidad de vernos para dar respuestas más elaboradas que nutren las vidas de nuestros hijos y aportan altamente al desarrollo de la corteza pre-frontal de su cerebro; esta parte del cerebro es la encargada de las funciones más elaboradas, como planear, organizar, priorizar, tomar decisiones, etcétera. Es la parte que lleva a cabo la tarea d suavizar y calmar el proceso de reacción de la amígdala que se dispara ante una potencial amenaza.

Competencias para planear, comunicar y alcanzar metas
La autoridad (que no es lo mismo que autoritarismo) nos aporta claridad y determinación, pues gracias a ella sabemos cómo queremos educar a nuestros hijos, cuáles comportamientos aceptamos y cuáles no. Gracias a ella, podemos poner límites, normas y metas en común desde un lugar más sereno y respetuoso de nuestro ser, permitiéndonos mantenerlos en buen camino. Sin desarrollar una voz de autoridad contundente y clara, se hace más difícil hacer un buen manejo de la crianza de nuestros hijos, pues es ahí donde los niños no tienen claro qué se espera o qué no se espera de ellos.

El gran aporte o posibilidad que abre el Coaching es que, como herramienta de ampliación de conciencia, nos permite a los papás que esos momentos sean más constantes y más conscientes, pues a pesar de nuestras buenas intenciones, muchas veces actuamos en piloto automático, reaccionando, sin dar respuestas que cultiven la relación con nuestros hijos y que les permita desarrollar habilidades valiosas para la vida.

Sin lugar a duda, cuando las competencias del Coaching se ponen al servicio de la crianza, nuestros hijos van hilando su camino, manteniendo su alianza con nosotros como lugar de contención con el gran valor agregado de poder hacerlo desde el inicio de sus vidas. Evitamos ocuparnos en las consecuencias, porque desde edades muy tempranas comenzamos a trabajar en las causas, así, no sólo les ahorramos y nos ahorramos grandes sufrimientos, sino que facilitamos el auge y desarrollo de todo el potencial con que venimos equipados a esta vida.

 

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